Las gafas de pasta de un visionario del Rock


Buddy Holly. Uno de los pioneros, precursores, promotores de un fenómeno universal llamado Rock and Roll. Con sus gafas de pasta, su smoking, su tacha impecable de niño empollón, con sus inseparables Crickets escoltándole; en cuanto empezaba a cantar, todo cambiaba. La primera vez que lo escuché, pensé: “Hey, este es el cuatro ojos con cara de flipado?. Pues como rasga la guitarra”. Esa legendaria Fender Stratocaster que luego inmortalizarían otros rockeros gloriosos  porque a Buddy le sonaba de maravilla.
Nacido en Lubbock, Texas, a Buddy siempre le gustó la música con raíces, pero no sólo el country o el rockabilly (géneros con los que empezó), sino también la música negra, blues, jazz, etc.
Fue así como Holly, junto a otros visionarios sin gafas y con tupé como Elvis Presley, Eddie Cochran o Gene Vincent, cada uno por su lado, fueron mezclando estos estilos y fusionándolos en el más grande jamás creado.
Pero desgraciadamente el viaje de Buddy Holly, aunque intenso , fue muy corto.
Un maldito 3 de febrero de 1958, el un avión en el que iba junto a Ritchie Valens (el autor de La Bamba) y Big Bopper, se estrelló en Iowa llevándoselo con tan solo 22 años y toda una prometedora carrera por delante. El día que murió la música, titularon los rotativos.
En parte fue verdad. Porque ese suceso, al cercenar la vida  del creador de Peggy Sue, Not fade Away, Oh Boy, That’llBe The Day (su único número 1 en vida) o Words of Love, nos privó de lo que podía haber sido alguien muy muy grande. El genio precoz de las gafas de pasta que abrió camino al rock nunca será olvidado, dan fe de ello todas las influencias posteriores entre las más grandes estrellas del género. Que se lo pregunten a los Beatles, a Elvis Costello o a Weezer, por ejemplo…Descanse en Paz, Buddy Holly.
Peggy Sue…!

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