Ciudades del Rock #3: Detroit


Detroit. The Motor City. La ciudad más populosa del estado de Michigan ( su capital es Lansing), una de las áreas tradicionalmente más industrializadas de los Estados Unidos, debido a su situación geográfica, junto al lago Erie muy cerca de Canadá y no muy lejos del eje Chicago-New York. Eso, unido a un clima tibio tirando a frío, hizo que a finales del siglo XIX se asentara como la capital de la industria automovilística mundial con las fábricas más importantes como la Chevrolet, la Ford y la General Motors. Y es que este antiguo puerto fluvial fundado por los franceses en 1701 ( por un tal Cadillac, os suena el nombre?) comenzó a absorber la inmigración interna que a mediados de los 50 comenzó a llegar en busca de trabajo haciendo que la ciudad superara los dos millones de habitantes. Hoy día, a causa de la delincuencia y del paro (ya que las multinacionales han acabado deslocalizandose), la población ha descendido hasta los 700.000 sin contar el área metropolitana ( en torno a los 3.000.000).
En otro ámbitos, Detroit es la ciudad del Art Deco, de los barrios negros, del Parque Lafayette y el Mercado Oriental, de los Pistons y del Hockey sobre Hielo, pero, sobre todo y por encima de todo lo demás, Detroit es una de las mayores capitales del mundo de la música.
Podemos distinguir aquí tres grupos fundamentales de influencias y tendencias desarrolladas en la zona: en primer lugar, inevitablemente el Blues de los años treinta cuarenta y cincuenta que trajeron los emigrantes afroamericanos de los estados del sur, como Alabama y Georgia. Desarrollaron un sonido muy urbano cercano al rock. Ejemplos de leyenda son Eddie Burns y John Lee Hooker con su característico blues trepidante. El Gospel -de la mano de Della Reese– y el jazz( con el batería William McKinney) también tuvieron un hueco en la ciudad. Pero la industria discográfica por excelencia aquí la revolucionó un tal Berry Gordy con su productora Motown, con la que reinventó el sonido soul y posteriormente el funk y, apadrinando gente de la talla de Stevie Wonder, la enorme Diana Ross con las Supremes, Martha & The Vandellas, Smokey Robinson y sus Temptations o el sureño criado en Detroit Wilson Pickett. Otro sello de R & B relevante fue Fortune Records.
Tendencias más actuales nos han llevado a músicos de la talla de Aaliyah o Kid Rock, por no hablar de los raperos como el blanquito Eminem, oriundo de Detroit, una de las mecas del Hip Hop.

La segunda tendencia y probablemente la más importante es la del rock. Por ello los Kiss le dedicaron la canción Detroit Rock City. De aquí ha salido gente tan brillante como Del Shannon con su Runaway en los sesenta, Suzi Quatro en el auge del glam, Ted Nugent, Bob Seger, Grand Funk Railroad y el grandísimo Vincent Fournier, más conocido por Alice Cooper.

En esos años nace el protopunk en las afueras, con dos míticas bandas como MC5 y los enormes Stooges de Iggy Pop. El cambio de siglo nos trae a The White Stripes como grupo enseña de Detroit.

La tercera vía en la que destaca musicalmente la ciudad es el Techno. si bien hablábamos de Chicago como el precursor del House, aquí se empezaron a incorporar sintetizadores y baterías electrónicas a composiciones pop de la mano de Derrick Kay y sus Belleville Three.
Por encima de todos ellos, dos artistas brillan con luz propia. La primera, a pesar de nacer en Memphis, Tennessee se crió en los suburbios negros de Detroit: la increíble Aretha Franklin. La segunda, de las afueras, aunque se crió en NYC, Madonna, la eterna reina del pop.
Tras esta vuelta por esta increíble ciudad, decirnos que hemos descubierto en la red la canción Detroit Detroit del compositor anónimo Jeremy Shere en la que nos narra que, a pesar de lo abandonada que se está quedando, siempre nos quedará su imborrable legado musical.