Los Reservas del Rock

The Replacements. Grupo alternativo creado en Minneapolis en 1979 por Paul Westerberg, los hermanos Tommy y Bob Stinson y Chris Mars. Vecinos y amigos de los inefables Hüsker Dü, estos recambios, reservas o sustitutos hicieron absoluto honor a su nombre, puesto que no lograron una fama desmedida ni siquiera sus ingresos fueron suficientes como para sacarles de apuros de sus acreedores. Lo que sí consiguió esta banda con tintes punk y New wave (lo que hoy se llama Indie) fue allanar el camino a otras bandas venideras que sí que conseguirían cotas altísimas en el rock, tales como Nirvana, Green Day o Pavement.
Westerberg y los suyos comenzaron con un estilo a medio camino entre Ramones y Johnny Thunders, yendo progresivamente incorporando melodías más pop pero sin olvidarse nunca del punto garaje de sus composiciones. Esto se acabó plasmando en su LP Let It Be (1984), el más aclamado de los siete que editaron, junto a Pleased To Meet Me.
Entre las canciones que hayan representado mejor su carrera y que me hayan gustado más me quedo con estas, de menos a más: Customer, Left of The Dial, Color Me Impressed, Skyway, Unsatisfied, Can’t Hardly Wait, I Will Dare y para mí sus tres mejores: Achín’ To Be, Alex Chilton y este Bastards of Young -himno de su generación en Minneapolis-, de la cual me impactó su vídeo con la cámara fija en el baffle.
Tras su disolución a inicios de los noventa, en gran medida absorbidos por grupos que habían bebido de su música, The Replacements continuaron haciendo alguna gira con permiso de Paul Westerberg, quien inició su andadura en solitario con un gran disco, 14 songs y dos canciones que se incluyeron en la BSO de la película por excelencia del grunge Singles de Cameron Crowe (1992), Dyslexic Heart y Waiting For Somebody. Irónicamente con estos dos singles, Westerberg logró más popularidad que con cualquier otro single con la banda.
Y es que estos reservas del rock, sin lograr repercusión masiva, fueron uno de los grupos de culto o underground que a lo largo de los años fueron reconocidos sobre todo por la gente que compraba sus discos y que vieron en ellos un soplo de aire fresco entre tanto grupo edulcorado a finales de los ochenta. En mi cabeza siempre retimbará una letra de para mí uno de los himnos de la Generación X: Bastards of Young.
We are the Sons of No One, Bastards of Young…!

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