Cine & Música #50: E.T.


E.T. Película norteamericana de ciencia ficción dirigida en 1982 por uno de los magos del celuloide, Steven Spielberg, y a sus órdenes una pléyade de actores infantiles como el protagonista Henry Thomas, que encarna a Elliott, Robert McNaughton como su hermano mayor y la célebre Drew Barrymore como la pequeña de la familia, los cuales ven como una nave espacial aterriza en la tierra y uno de los alienígenas se extravía, adoptándolo en su casa y haciendo muy buenas migas con él. E.T., no obstante, será objeto de ambiciones biológicas y políticas y será perseguido, aunque con la ayuda de Elliott y sus amigos conseguirá eludir a sus perseguidores ( increíble escena de las bicicletas voladoras, en la que me sentía super identificado, excepto por lo de volar llevando un extraterrestre en la cesta, claro está) y conseguirá hace señales a los de su especie para que vuelvan a rescatarlo.
Película enclavada en un marco puramente juvenil, con golpes muy graciosos ( teléfono, , disfraces, o cuando ocultan a E.T. entre los peluches), pero asimismo Spielberg dota al film de un cariz dramático en el sentido de que nos asusta sobremanera lo que pueda haber ahí fuera, poniendo sobre todo en relevancia el valor de la amistad por encima de todas las cosas.
Dos reflexiones: supone una vuelta de tuerca a Encuentros en la Tercera Fase pero más orientada a la familia, aunque el mensaje es el mismo; y segundo, apela a la no hostilidad ante lo desconocido.
Para la banda sonora, Spielberg contó con un mago del celuloide, John Williams ( responsable también de los scores de Star Wars, Superman o Indiana Jones entre muchísimas otras, vaya la creme de la creme ), y como no podría ser de otra manera, quedó inmortalizada en nuestros cinéfilos oídos como una de las soundtracks más populares y reconocibles de la historia del cine sobre todo su momento álgido de la persecución con las bicis voladoras.
Es una gozada darse cuenta de todos los buenos recuerdos que me trae esta película, recuerdo haberla vista en Burgos con mis primos y mi hermana, en las Navidades del 82, recuerdo que a la salida había nevado de lo lindo, recuerdo que me encantó la pelo y sobre todo Elliott que tenía mi misma edad por entonces. Pero lo que nunca olvidaré y mejor recuerdo de esta inolvidable película es que fue la primera vez que lloré en el cine ( y he seguido haciéndolo cada vez que la he vuelto a ver).

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